domingo, 22 de enero de 2012

De la religión de los antiguos




Pensando de donde puede surgir que en los tiempos antiguos los pueblos fueran más amantes de la libertad que en estos, creo que la causa es la misma que hace hoy a los hombres menos fuertes, es decir la diversidad de la educación nuestra respecto de la antigua. Porque nuestra religión nos hace estimar menos los honores del mundo, y los Gentiles, que los estimaban mucho, y habían cifrado en ellos el bien sumo, eran más feroces en sus actos.

Ello se puede considerar en muchas de las instituciones, empezando por la magnificencia de sus sacrificios y la humildad de los nuestros, donde hay alguna pompa delicada más que magnífica, pero ninguna acción feroz o valiente. La religión antigua no beatificaba sino a los hombres lleno de gloria mundana, como eran los capitanes de ejércitos y los jefes de las repúblicas. Nuestra religión ha beatificado más a los hombres humildes y contemplativos que a los activos. Además, ha puesto el bien sumo en la humildad, en el envilecimiento y en el desprecio por las cosas humanas, mientras la otra lo ponía en la grandeza de ánimo, en la fortaleza del cuerpo y en todas las otras cosas aptas a hacer fortísimos a los hombres. Y si nuestra religión quiere que tú tengas en ti mismo fortaleza, quiere que seas apto para padecer más que para hacer algo fuerte.

Este modo de vivir parece entonces que hubiera vuelto débil al mundo, dándolo como presa a los hombres malvados que lo pueden manejar fácilmente viendo como, por ir al Paraíso, la generalidad de los hombres piensa más en soportar sus golpes que en vengarlos. Y aunque parezca que el mundo se ha afeminado y el cielo se ha desarmado, sin duda ello nace más de la vileza de los hombres, que han interpretado nuestra religión según el ocio y no según la virtud. Porque, si consideran que ella nos permite la exaltación y la defensa de la patria, verían que quiere que la amemos y la honremos, y que nos preparemos para ser tales que la podamos defender. Esta educación y estas tan falsas interpretaciones hacen entonces que en el mundo no se vean tantas repúblicas como se veían antiguamente, y en consecuencia, tampoco se ve como antes en los pueblos tanto amor a la libertad.

Niccolò Machiavelli, Discursos sobre la primera década de Tito Livio

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