Esta palabra griega quiere decir conmoción de las entrañas, revuelta interior. ¿Inventaron los griegos esta palabra para expresar las agitaciones que se experimentan en los nervios, la dilatación y la contracción de los intestinos, las violentas convulsiones del corazón, el flujo atolondrado de los espíritus de fuego, que suben desde las entrañas al cerebro, cuando uno está profundamente afectado?
¿Qué entendemos por entusiasmo? ¿Cuantos matices de nuestras emociones?
Consentimiento, sensibilidad, turbación, inquietud, sobrecogimiento, pasión, arrebato, demencia, furor, rabia; esos son todos los estados que puede atravesar el alma humana.
Lo extraño es encontrar la razón unida al entusiasmo; la razón consiste en ver siempre las cosas como son. El que ve objetos dobles en la embriaguez, es porque carece de razón.
El entusiasmo es exactamente igual que el vino, puede provocar tantas perturbaciones en los vasos sanguíneos, y tan violentas vibraciones en los nervios, que la razón llega a derrumbarse completamente. También puede ocurrir que sólo cause pequeñas sacudidas que sólo proporcionan al cerebro pequeños momentos de mayor actividad. Es lo que ocurre en los grandes arrebatos de elocuencia, y sobre todo en la poesía sublime. El entusiasmo razonable es patrimonio de los grandes poetas.
Ese entusiasmo razonable es la perfección de su arte; es lo que hizo creer en tiempos antiguos que estaban inspirados por los dioses, y es lo que nunca se ha dicho de los demás artistas.
Voltaire, Diccionario Filosófico

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