lunes, 8 de marzo de 2010

Fanatismo


El fanatismo es a la superstición lo que el delirio a la fiebre y lo que la rabia a la cólera. El que sufre éxtasis y visiones, el que no puede distinguir entre sueños y realidad y toma las imaginaciones por profecías está mal de la cabeza; el que confirma su locura con un crimen es un fanático.

El más abominable ejemplo de fanatismo es el de los burgueses de París que fueron a asesinar, a degollar, a arrojar por las ventanas y a descuartizar, en la noche de San Bartolomé, a aquellos vecinos que no iban a misa.

No hay más cura para esta enfermedad epidémica que el espíritu filosófico, que, estando cada vez más difundido, suaviza, finalmente, las costumbres de los hombres y previene el acceso del mal; pues en cuanto este mal avanza no queda otra salida que retirarse a un lugar apartado y esperar a que el aire se purifique.

Sólo ha existido una religión en el mundo que no se ha denigrado por el fanatismo, es la de los letrados de China. Las sectas de los filósofos no sólo estaban libres de este mal, sino que ellas mismas eran su propio remedio; pues el resultado de la práctica filosófica es que el alma recupera su tranquilidad, y el fanatismo es incompatible con esa tranquilidad.

Voltaire, Diccionario filosófico

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