El filósofo es el amante de la sabiduría, es decir, de la verdad. Todos los filósofos han sido siempre ejemplo de este doble carácter. En la antigüedad no existió uno sólo que no fuera modelo de virtud para los hombres y maestro de verdades morales. Puede que algunos hayan tenido conceptos erróneos en lo que hace a la física; pero ésta es tan poco necesaria para conducirse en la vida que los filósofos no han tenido necesidad de ella. Se requirió el paso de muchos siglos para que el hombre pudiera acceder a algunas leyes de la naturaleza, mientras que un sabio sólo necesitó un día para conocer los deberes del hombre.
El filósofo no tiene nada de fanático, ni se erige tampoco como profeta, jamás se considera inspirado por los dioses. Los que se anunciaron como hijos de los dioses fueron los padres de la calumnia.
¿Qué sino, bastante bochornoso para los pueblos occidentales, nos obliga a tener que ir hasta Extremo Oriente para encontrar un sabio simple, sin pompa, sin afectación, que instruía a los hombres sobre cómo tener una vida feliz, seiscientos años antes de nuestra era, en una época en que en todo el norte se desconocía el uso de las letras, y en el que los griegos recién comenzaban a distinguirse por la sabiduría? Estoy hablando de Confucio, quien, destacándose entre los antiguos legisladores, jamás intentó engañar a los hombres. ¿Qué principio de acción más noble que éste ha cobrado vida en nuestra tierra?
"Dirige el estado al igual que se dirige una familia; no hay otra forma de gobernar bien a la familia que dándole ejemplo"
"La virtud debe ser común al campesino y al monarca."
"Esfuérzate por prevenir los crímenes, disminuye así la necesidad de castigarlos."
"Bajo los reyes buenos Yao y Xu los chinos fueron buenos; bajo los reyes malos Kie y Chu, fueron malos."
"Sé con el otro como contigo mismo."
"Ama a los hombres en general, pero ama más aún a las buenas personas. Deja pasar las injurias, pero jamás los favores."
"Me he topado con hombres incapaces de saber, pero nunca con hombres incapaces de virtud."
En verdad no hubo nunca un legislador que enunciara verdades tan provechosas para el género humano.
Más tarde, hubo muchísimos filósofos griegos que enseñaron una moral igualmente pura. Si sólo se hubieran dedicado a sus absurdos sistemas físicos, sus nombres no se pronunciarían más que para burlarse de ellos. Si en la actualidad todavía se los juzga dignos de respeto es porque fueron justos y porque enseñaron a los hombres a serlo.
No se pueden leer ciertos párrafos de Platón, y sobre todo el magnífico exordio de los reyes de Zeleuco, sin percibir en el corazón el amor a las acciones virtuosas y generosas.
¿Quién de nosotros se privaría, como Juliano, Antonino, Marco Aurelio, de todos los refinamientos de nuestra mórbida y afeminada vida? ¿Quién querría imponerse su mesura? ¿Quién contendría como ellos sus pasiones? Entre nosotros tenemos devotos; ¿pero donde encontrar a los sabios? ¿Donde encontrar almas firmes, justas y tolerantes?
Voltaire, Diccionario filosófico

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