Las [amistades] que se fundan sólo en el provecho se hallan expuestas a quejas y reprensiones o, al menos, en una mayor medida que en las otras formas de amistad. Esto es razonable porque los que fundan su amistad en la virtud están dispuestos a procurar el bien los unos a los otros, porque éste es el ejercicio propio de este tipo de amistad.
Aunque en este favorecerse el uno al otro suelen rivalizar en ocasiones, sin embargo, no están expuestos a quejas ni a contiendas, porque nadie se enfada con quien lo quiere bien y lo beneficia, sino que, si es agradecido, procura devolverle el bien. El que aventaja al otro en procurarle un bien y alcanza así lo que deseaba, no se quejará por eso de su amigo, porque uno y otro apetecen lo que es bueno. Tampoco se encuentran muchas quejas en aquella amistad que se funda en el placer, puesto que los involucrados alcanzan lo que desean si se complacen en el trato recíproco; resultaría absurdo que alguien se quejara de otro si no le causa placer su compañía, ya que está en su mano no convivir con él.
Por el contrario, la amistad que se funda en el provecho está muy expuesta a quejas, porque como se sirven uno del otro en razón de los beneficios, siempre tienen necesidad de más y les parece que tienen menos de lo que habrían menester y se quejan de no haber alcanzado todo lo que habrían necesitado, siendo merecedores de ello; y aquellos que prodigan los favores se sienten incapaces de cumplir con las necesidades de quienes lo solicitan.
Aunque en este favorecerse el uno al otro suelen rivalizar en ocasiones, sin embargo, no están expuestos a quejas ni a contiendas, porque nadie se enfada con quien lo quiere bien y lo beneficia, sino que, si es agradecido, procura devolverle el bien. El que aventaja al otro en procurarle un bien y alcanza así lo que deseaba, no se quejará por eso de su amigo, porque uno y otro apetecen lo que es bueno. Tampoco se encuentran muchas quejas en aquella amistad que se funda en el placer, puesto que los involucrados alcanzan lo que desean si se complacen en el trato recíproco; resultaría absurdo que alguien se quejara de otro si no le causa placer su compañía, ya que está en su mano no convivir con él.
Por el contrario, la amistad que se funda en el provecho está muy expuesta a quejas, porque como se sirven uno del otro en razón de los beneficios, siempre tienen necesidad de más y les parece que tienen menos de lo que habrían menester y se quejan de no haber alcanzado todo lo que habrían necesitado, siendo merecedores de ello; y aquellos que prodigan los favores se sienten incapaces de cumplir con las necesidades de quienes lo solicitan.
Aristóteles, Ética a Nicómaco

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