Sin embargo, resulta absurdo atribuirle al hombre afortunado todos los bienes y que se le quiten los amigos, cuando éstos parecen constituir el mayor de los bienes exteriores. Porque si la mayor perfección de la amistad reside en hacer el bien más que en recibirlo, y es propio del hombre bueno y de la virtud favorecer a otros con buenas obras, más noble resulta hacer el bien a los amigos que a los extranjeros. El hombre bueno tendrá necesidad de amigos a los que prodigarle favores. Y por esto, también se discute si los amigos se necesitan más en los tiempos de prosperidad o de infortunio, casi dando a entender que el que está puesto en adversidad tiene necesidad de amigos que le hagan bien, porque los desdichados requieren de benefactores y, en cambio, quienes se encuentran en la próspera fortuna requieren de amigos a quien favorecer con sus obras. También parece absurdo hacer del hombre afortunado un hombre solitario, puesto que nadie desearía poseer todas las cosas si es a expensas de la soledad, ya que el hombre es un animal social y naturalmente formado para vivir en asociación y en la convivencia.
Esta condición también la hallamos en el hombre feliz, ya que tiene las cosas que son buenas por naturaleza, y está manifiesto que es mejor vivir en compañía de amigos y hombres de bien que en compañía de extraños o con hombres de condiciones diversas. Y por lo que hemos declarado, quien se encuentra en posición de prosperidad también tiene necesidad de amigos.
¿Qué quieren decir aquellos primeros que hemos mencionado o qué dicen en verdad? ¿Será que la mayoría llama amigos a quienes les reportan algún provecho? Porque de estos amigos, por cierto, el hombre feliz no tiene ninguna necesidad ya que, en sí mismo, tiene todos los bienes. Y tampoco tendrá necesidad de los amigos por causa del placer, porque como la vida del hombre feliz es afortunada y apacible no necesita deleites extraños. Como no tiene necesidad de tales amigos cree, entonces, no necesitar amigos. Pero por cierto, esto no es verdad, y a las cosas propias también se las considera dentro de las cosas apacibles, y si más fácilmente podemos contemplar a nuestros amigos que a nosotros mismos y los hechos de ellos más fácilmente que los nuestros, los hechos de los buenos siendo amigos resultarán, por cierto, a los buenos apacibles (porque unos y otros tienen cosas que son naturalmente deleitosas); se infiere de aquí que el hombre próspero y bien afortunado tendrá necesidad de amigos semejantes, porque le complace contemplar tanto los hechos propios como los buenos hechos. Así serán los hechos del hombre bueno siendo su amigo. Además, todos acuerdan en que el hombre feliz ha de vivir una vida agradable, pero que el solitario lleva una vida trabajosa, porque es algo muy difícil, estando a solas, ejercitarse en una actividad continua; pero en compañía de otros y para con otros, es cosa fácil.
Aristóteles, Ética a Nicómaco

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