La manera más común de ablandar los corazones de aquellos a quienes hemos ofendido y a cuya merced estamos, por tener ellos en la mano la venganza, suele ser moverlos a conmiseración y piedad mediante nuestra sumisión. Empero, a veces, la resolución, la valentía y la constancia han servido para el mismo efecto.
Uno y otro de estos dos medios me arrastrarían fácilmente, porque siento una maravillosa debilidad por la misericordia y la mansedumbre. Tanto, que creo que preferiría la compasión a la estimación, a pesar de ser la piedad pasión viciosa a juicio de los estoicos, quienes quieren que se socorra a los afligidos, mas no que se comparta su angustia. Cabe decir que entregar el ánimo a la conmiseración es efecto de una fácil sencillez y blandura, por lo que quienes se hallan más proclives a ello son las mujeres, los niños y el vulgo. Pero desdeñar lágrimas y llantos y conmoverse ante la santa imagen de la virtud, es propio de un alma fuerte e inflexible, posesora, en materia de obras y honor, de un vigor varonil y tenaz.
Michel de Montaigne, Ensayos


1 comentario:
Buen comienzo de blog, Max :)
Ahora estamos comunicados por la red en todas sus formas, aunque te falta un facebook, jaja!
Espero aprender más sobre Montaigne y otros autores que compartas ;)
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